Archivos para Noviembre, 2008

Con el mundo a cuestas

Publicado en Re-cortes el Noviembre 16, 2008 por Carlos de la Fé

boxback

Ínsula Negra tiene nueva dirección y se muda, virtulamente, de momento.

A partir de ahora, en lugar de entrar por http://carlosdelafe.wordpress.com

la nueva dirección será http://www.carlosdelafe.com

Si sigues tan loc@ como para seguir pasándote por aquí, puedes hacerlo en la nueva dirección, ya que, ésta, en un tiempo razonable (?) será inhabilitada.

Como es de suponer, la noticia aparecerá mañana en todos lo medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros (y alguno extraterrestre), pero, a tí, quería comunicártelo personalmente.

Verás algunos cambios, sobre todo de diseño, y miles de errores (al final va a ser verdad eso de que el saber no ocupa lugar y debí de haber estudiado), pero, lamentablemente, el contenido no creo que varíe mucho hasta que determinados transplantes sean fiables y  consiga reunir la totalidad (sólo me falta una cosa, lo sabes. Este combate nos hará famosos y lo ganaremos con Fé) de lo que necesito para pagar la fianza, o el chantaje, más bien, por el secuestro a corazón abierto.

Creo que fue Mark Twain el que dijo aquello de que “Hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas”. Sobre las pirmeras ya he hablado alguna vez, y no voy a insistir hoy porque todos tenemos experiencias; pero, a títiulo informativo, quiero dejar constancia de que esta es la entrada número 130 en este ya viejo blog.

Y ya dí las gracias hace -tan poco!- unos meses por no sé cuántas visitas. A día de hoy (noche) el contador marca 31.199!!!… Así que decir Gracias, again, ya me sabe a poco, igual que por esos 1242 comentarios.

Pero… Gracias.

Y ya te aviso para la mundanza no virtual. B-S. O. S.

¿Me AmaZ?

Publicado en Re-cortes con etiquetas el Noviembre 10, 2008 por Carlos de la Fé

gato

Se Amaban, se almorzaban, se abrazaban.
Se Besaban, se baboseaban, se bocalizaban.
Se Cuidaban, se cenaban, se cicatrizaban.
Se Chambeaban, se chamuscaban, se cheleaban.
Se Danzaban, se disfrutaban, se desayunaban.
Se Emsanblaban, se exploraban, se emborrachaban.
Se Frecuentaban, se frotaban, se festejaban.
Se Gozaban, se galanteaban, se galopaban.
Se Hechizaban, se husmeaban, se hipnotizaban.
Se Impregnaban, se inspiraban, se inflamaban.
Se Jugaban, se jactaban, se jadeaban.
Se Kriptonizaban, se kioskeaban, se karmatizaban.
Se Licuaban, se lentificaban, se loncheaban.
Se Llenaban, se llegaban, se lloraban.
Se Maullaban, se masticaban, se memorizaban.
Se Narraban, se nacionalizaban, se nominaban.
Se Ñoñeaban, se ñuñeaban, se ñangeaban.
Se Obsesionaban, ojeaban, se ornamentaban.
Se Paladeaban, se potenciaban, se practicaban.
Se Quedaban, se quemaban, se quebrantaban.
Se Reconquistaban, se revolucionaban, se respiraban.
Se Saboreaban, se suspiraban, se sublimaban.
Se Tatuaban, se tallaban, se trenzaban.
Se Untaban, se unificaban, se ubicaban.
Se Versificaban, se viajaban, se visitaban.
Se Wikipedeaaban, se webeaban, se weyteaban.
Se Xilofoneaban, se xilografiaban, se xenogamiaban.
Se Youtubeaban, se yoizaban, se yerbaban.
Se Zarpaban, se zumbaban, se zanjaban.

Miss Butterfly

Publicado en Microrrelatos con etiquetas , el Noviembre 8, 2008 por Carlos de la Fé

monarca

Siempre fue, lo que se dice, una mente inquieta.

La vida, amén de lo buenos ratos, nos va prodigando a todos de palos sentimentales -la muerte de algún familiar, una buena amiga -, y ella no era una excepción.

Sin embargo, su separación aún le seguía pasando factura. Tal vez hubiera sido más fácil reconocer la verdad y asumirla: el amor sigue siendo inexplicable, de ahí su magia.

A veces pensamos que lo obvio no puede ser lo real. Negarse a creer, como la mayoría, fue su rutina.

Para alcanzar la sabiduría, encontrar las respuestas, comprender el por qué de las cosas -como esa sensación imborrable en el estómago cada vez que lo recordaba-, decidió continuar con sus prácticas de adolescencia. Mente inquieta, culo inquieto.

Lunes: Yoga y Spinning.
Martes: Meditación Trascendental y Pilates.
Miércoles: Shiatsu y Aerobic.
Jueves: Tai Chi y Hapkido.
Viernes: Flores de Bach y Natación.
Sábado: Depilación Láser Definitiva y Discoteca.
Domingo: Telebasura y plancha.

Era fantástico sentirse normal, una más, con sus dietas de quince días, sus orgasmos a dos manos, sus lágrimas a dos ojos, sus miserias a raudales.

Podía haber sido un día cualquiera, o de noche; podía no haber sido domingo sino parecerlo; podía, incluso, no haber hecho esa llamada. Cualquier cosa podía haber pasado, se dijo, cuando abrió la ventana.

De Vidas Prestadas.

Princesa

Publicado en Microrrelatos con etiquetas el Noviembre 7, 2008 por Carlos de la Fé

la-doncella-y-la-muerte-munch

No me considero un hombre posesivo, pero era mía, mía, mía.

Por eso me pareció inconcebible que fuera él quien me la arrebatara.

Habíamos sido, más que amigos, hermanos, así que, si quieren, pueden llamarlo fratricidio.

Sabía de mi ansiedad y me consolaba diciéndome que yo también tenía derecho a ser feliz, que, tarde o temprano, aparecería una para mí, a mi medida.

Estábamos juntos cuando la encontré. Él llevaba la suya tomada cariñosamente de la mano, a la que tanto amaba.

Su traición me justifica y no tengo motivos para el remordimiento; sin embargo, ahora no sé que hacer con dos editio princeps.

El coleccionista

Publicado en Re-cortes el Noviembre 5, 2008 por Carlos de la Fé

Curitas para el alma

Nadie dijo que no fuera raro. Más bien lo contrario. Diferente, especial, the one & only, extraño, distinto, desigual, disímil… ¿Ves?

Colecciono marcadores de libros, o de páginas, o como quiera que sea. Ya ven, tanto empeño pongo en lo que hago que ni siquiera sé cómo llamarlo.

De pequeño heredé una colección de monedas del mundo. La numismática nunca fue mi pasión. De hecho tardé un tiempo -y aún hoy me cuesta- pronunciar esa palabra sin que se me lengua la traba y sin pensar que se refiere a un tipo de grado evolutivo de los seres unicelulares, o de la curia romana.

El mero hecho de ser coleccionista de algo ya me parece una actitud (hay quien lo llama hobby) digna de ser psicoanalizada por la escuela freudiana. Pero me empeñé en buscarle una explicación a mi herencia material, algo así como una excusa ante propios y extraños, que me salvara de la connotación capitalista de mi posesión. Aún hoy la sigo viendo como una prueba tangible del grado que puede alcanzar la estupidez humana (como si esta condición fuera aplicable a los animales), de la desconfianza que nació en un momento dado de la historia del trueque, cuando ya la palabra de un hombre dejó de tener valor y hubo de inventarse algo sólido que diera garantías a un trato. Como firmar diez papeles grises para amar.

No sé si todos los coleccionistas recuerdan el momento exacto en que decidieron entregar parte de su tiempo a buscar o a encontrar nuevas piezas que añadir a su museo particular. Yo, particularmente, no tengo ni la más remota idea de cuando empecé a juntar cachitos de algo con que marcar las páginas de los libros que iba leyendo.

Hay colecciones que son privadas, quiero decir, incluso perversas e inconfesables, de esas que uno no puede enseñar a las visitas como el álbum de fotos de la boda o el video del último viaje a Groenlandia. Ahí les dejo eso a su imaginación. Pero desde luego yo no me dedico a enseñarle a nadie mis (¿decenas? ¿Cientos? ¡Yo que sé!) marcadores o como se llamen.

Al final, esos objetos terminan por convertirse en recordadores, en chispas que despiertan nuestra memoria, a veces inexplicablemente precisa, sobre el cuándo y el dónde encontramos tal o cual pieza. Yo, repito, no tengo ni idea. Casi.

Todos coleccionamos algo, cosas, recuerdos, besos, abrazos, ganas, necedades y necesidades. Hay quien junta con el único y triste propósito de tener, pero eso no es colección, porque la cantidad nunca ha sido un valor a tener en cuenta, excepto en la bolsa y en los bolsillos.

Hoy encontré uno de esos marcadores dentro de la Enciclopedia Argentina y Universal del Conocimiento, o sea, en el libro de Toda Mafalda; era de cuero, como un adorno de los Lakotas, con sus dibujos y jeroglíficos ininteligibles pero preciosos. Sólo sé que no es mío, y aquí, permitan que mi memoria se tome un respiro y escriba un punto y aparte, o seguido.

Como hago con todas las cosas, pero sobre todo con los libros que no son míos, quisiera devolvérselo a su propietario. De la misma manera que intento regresar todo lo que los libros leídos y marcados en muchas de sus páginas con mis artefactos coleccionables. Mi forma de restitución es la escritura, y el acuse de recibo, cada lector.

Por eso colecciono palabras con el afán de reposición y agradecimiento a cuanto loco me ha transportado a mundos más allá del común, o más adentro, incluso hasta mí mismo. Y porque es de bien nacidos ser agradecido, no quiero dejar pasar la oportunidad para darte las gracias por cada beso.

Mi Fé

Publicado en Re-cortes el Noviembre 5, 2008 por Carlos de la Fé

colibri

Debería decir que estas palabras te las dedico a ti. ¿Debería decirlo?

¿Acaso cuando una madre está pariendo se le pregunta a quién van dedicadas las lágrimas y el sudor, el esfuerzo de dar a luz, no una vida, sino la vida misma?

¿Hace falta una respuesta, un nombre, un símbolo, un guiño, un recuerdo, un motivo? ¿Algo más, o menos, que este montón de cadáveres esparcidos por un papel para que se eleven y permanezcan, fieles como el colibrí, con su misma fuerza y constancia en el aleteo de las alas, defendiendo el trocito de cielo que le dispusieron para beber, para vivir?

Mi memoria selectiva y mi estupidez a granel me hacen recordar pocos de los muchos libros que he leído. Uno de ellos no lleva prólogo y la historia la cuenta un perro para definir valores humanos que las personas vamos perdiendo por el camino y con los años. Seguramente habré leído algunos con dedicatorias geniales e inolvidables, pero los olvidé.

Será por detalles como estos por los que no suelo decir más de lo que mis palabras dicen, como si fueran entendibles amén de interpretables. Y sabes que cuando quiero decir rojo no digo negro, y que cuando amo es hasta más allá y cuando odio, detesto. Por eso, por todo esto, por ser como soy a pesar de que eso no me otorgue derechos adquiridos para presumir, es que creo innecesario firmar el libro de mi vida, cada jirón de piel dibujado con tinta, vomitado, a veces, como una llamada de auxilio, un esoese.

A veces me cambiaría por alguien, incluso por casi cualquiera, pero entonces no estaría escribiendo esto que, vuelvo y repito, está dedicado a ti, exclusiva y eternamente, como bien sabemos, y firmado con mi nombre, de puño y letra (nunca he conseguido firmar con el puño, pero lo seguiré intentado) y con mi nombre, dos puntos, y nuestro apellido. Vale.

La fidelidad en la era informática

Publicado en Re-cortes el Noviembre 3, 2008 por Carlos de la Fé

¿Tristeza? ¿Esa melaza pegajosa, dulzona, adherente e inevitable era la famosa tristeza? Pues, vale.

¿Recuerdas? ¿Será esa pregunta la causante, la cómplice de esta melancolía absurda, de esta nostalgia vana? Aún así ¿te acuerdas de cuando…? A lo mejor, incluso, ya conseguiste averiguar el por qué -del cómo jamás nos olvidaremos-. Sin embargo, sigo aquí, y tú ahí, y no pasa nada. Y este es el castigo más grande que se me ocurre imaginar, la mejor tortura para flagelar la inutilidad de cada pregunta, el miedo a cualquier respuesta.

¿Cobardía? ¿Acaso no huíamos de esa palabra como de la peste, negra, marchita, mortal? No sé si habrá valido de algo toda esta lucha. Sólo sé que la ecuación no dio al final infinito, para siempre, pase lo que pase o lo que pueda pasar. No estaría escribiendo esto, y esto casi te lo puedo jurar. Estaría incluso amando, si eso fuera posible o probable.

¿Recuerdas? Insisto, por ejemplo, una noche de, digamos junio, pongamos que hablo de cualquier ciudad amada y odiada, caminando tan borrachos como excitados, con tantas ganas de llegar como de que el mundo se apagara en ese mismo instante, porque no hacía falta nada más que el roce de tu mano, de tu piel o mi brazo en tu cintura y no más mezcla-mezcal, no más tequila, chelas, sangría, margaritas si, total, la única mezcla posible, química y físicamente, era la de nuestros sexos y un Monopoly erótico de bodega y esposas.

¿Y qué se supone que tiene que ver todo esto con la informática, con la IP’s y los perfiles con fotos a las que nunca respondería si no creyera en la locura del la garganta del zenzontle, o de u colibrí aleteando entre flores y bebederos en una navidad de tianguis buscando presentes para un futuro?

Sólo una o dos cosas tienen que ver, o mirar, oír o escuchar con la cibernética del Amor 2.0. Que cuesta lo mismo decir “sí quiero” (con un amasijo de nervios y traje de manta) que ponerme, siglos después, como No admitido y bloquear el corazón como quien elimina un nick en el MSN, en el MiSiN, you.

Ella, ineluctable-mente

Publicado en Re-cortes el Noviembre 2, 2008 por Carlos de la Fé

Bueno, la vida esta llena de Posibilidades, de Afirmaciones y Negaciones de nuestra Identidad, de Exclusiones e Inclusiones, y quizás no sea tan importante el Tiempo como el Lugar o el Modo, y menos aún la Cantidad frente al Deseo; o sea, que aunque siempre verdaderamente queramos o creamos ser el centro del universo, el ombligo del mundo, no somos más que palabras, Verbos que ejecutan una acción usando como Sujetos un cuerpo prestado por unos pocos años, y no reconocemos que sin un verdadero complemento, sin un miserable Adverbio, nuestras acciones son tan sólo movimientos absurdos y sin sentido.

Probablemente, muchos nos hemos tenido que convencer de que somos los mejores buenoyqué. Demasiados se proclamarán mártires y los menos, dioses. Pero ¿acaso no somos todos iguales?

Únicamente nos diferenciamos en los momentos determinados por el aquí o el allí, el ayer o el mañana. Pero, desde la cuna a la tumba perseguimos el mismo fin, nos hacemos preguntas similares y, finalmente, nos engañamos con idénticas mentiras; nos confesamos, incluso, de pecados parecidos y nos sentimos igualmente apasionados.

Y, sin embargo, nos empeñamos en creer, no solamente que somos distintos y además especiales, sino que existe alguien como diseñado a nuestra medida. Evidentemente, todo esto es gratuito, o sea, que no cuesta nada imaginar, y ojalá fuera real, pero lo cierto es que jamás ha sido así;  hasta hoy; por mucho que lo deseemos, nunca la hemos encontrado, hasta ahora. Claro que,  evidentemente, todo esto no es más que una hipótesis que se refuta, efectivamente, con un simple beso. Porque tu presencia es ineluctable.